sábado, 6 de agosto de 2011
Son unos cuantos, los años que la señora evolución lleva dando tumbos por el planeta azul. Son mil y una, las situaciones y trabas que la quisquillosa dama ha planteado, como si de una carrera de obstáculos se tratara. Siempre atenta y perspicaz, la evolución ha ido seleccionando con la inestimada ayuda del Dios griego Cronos, a los ejemplares más adaptados y que por tanto mejor solventaban esos óbices terrenales. Pero la severa evolución no resulta tan implacable como parece puesto que permite más de un camino para alcanzar el glorioso colofón. La convergencia evolutiva es un fenómeno harto empleado por infinitud de individuos, por el cual organismos que difieren en su raíz, presentan unas características externas semejantes. Estos por consiguiente presentan lo que en biología se conoce como analogía, es decir, estructuras con una misma función pero de diferente origen. 

Ejemplo de órganos análogos en un vertebrado (mamífero) y un invertebrado (insecto).

El detonante de esta compleja similitud siempre es el mismo, presiones ambientales de la índole que sea y que incitan al cambio para lograr un aumento en la eficiencia y eficacia de la supervivencia. Los motivos y razones son tantos como especies hay y por ello encontramos convergencia evolutiva en todos los ambientes posibles, por ejemplo: las aletas en tiburones y delfines, las alas en mariposas y murciélagos o como en el caso de la imagen, las patas adaptadas para la excavación de topos y grillos.

Pero los casos de analogía no tienen porque ser tan extremos ni tan claros. Dentro de un mismo linaje pueden darse estas mismas situaciones; simplemente dos ramas de una familia que se separan evolutivamente, si después una especie retorna a los caracteres ancestrales obtenemos el mismo resultado. Este es el caso de las familias spheniscidae y alcidae. Ambas son familias de aves cuyas especies integrantes tienen como denominador común el mar, medio en el que pasan la mayor parte de su vida y del que extraen su alimento (casi en su totalidad, pescado). Con un aspecto físico más que parecido entre algunas especies, las dos estirpes comprenden hábitos semblantes pues tienen como costumbre el anidar en los acantilados costeros o, dependiendo de su capacidad para alzar el vuelo o no, playas, costas e incluso galerías subterráneas. La mayor diferencia entre estos grupos de aves es su patrón de distribución, ya que las primeras residen exclusivamente en el Hemisferio Sur, mientras que las segundas dominan el Hemisferio Norte.


Clase: Aves
Familia: Alcidae
Especie: Pinguinus impennis L. (1758)
Dibujo de un Alca gigante, Pinguinus impennis

Clase: Aves
Familia: Spheniscidae
Especie: Sphenicus magellanicus L. (1781)
Fotografía de un pingüino de magallanes.

Salvo el mencionado aspecto físico, en teoría, si se profundiza en el estudio de esos bellos animales, no debe haber ningún tipo confusión a la hora de clasificarlos o nombrarlos, pero parece que aunque no se los busque, los problemas suelen acabar apareciendo.

Antiguamente, hallá por el s.XVIII, los mares noratlánticos estaban poblados por un ave charadriiforme que alejada de todo batiburrillo vivía cómodamente asentada en los enclaves costeros. Debido a su ingente tamaño, impropio en sus parientes más cercanos, era incapaz de volar, por lo que acabo acostumbrándose a la vida subacuática. Los marineros británicos conocían a la actualmente extinta alca gigante, con el nombre de penguin, palabro que procede del gaélico penwyn (pen = cabeza y qwyn = blanca) que posteriormente, con la aparición de la nomenclatura binomial daría pie a su nombre científico, Pinguinus impennis. Muy apreciada por su carne, pero sobretodo por sus huevos, sus poblaciones comenzaban a ser más bien escasas, pero nada parecía indicar el trágico devenir.

Vasco de Gama, retrato de Gregorio Lopes


Por su parte Vasco de Gama y sus tripulantes encontraron en sus viajes por las regiones antárticas, un ave de andares torpes e inhabilitada también en el arte el vuelo, motivo por el cual decidieron bautizarlas con el apelativo de pájaros bobos. Años más tarde, con el apogeo de las expediciones, navegantes ingleses observaron a estas nuevas aves y quedaron sorprendidos de la extremada similitud con sus vecinos norteños, además gobernaba los mismos nichos y tenían actitudes muy parecidas, por lo que sin pensárselo dos veces, renombraron a los pájaros bobos con el nombre de penguins.

El problema vino cuando saturadas las barcas de los pescadores ingleses de alcas gigantes, su población mermó hasta el punto de hacer desaparecer la especie en el siglo XIX. Con esta indeseada, pero provocada extinción el nombre de penguin o la variante castellana, pingüino, quedó a entera disposición de las torpes aves del Hemisferio Sur, que acogieron con resignación este nuevo cambio de nombre. Hoy en día está más que extendido el popular nombre, ya que con él se designa a las más de 16 especies de aves no voladoras de la familia spheniscidae. No en vano, si nos amparamos en la historia, hemos de saber que no es correcto llamar a los actuales pingüinos con ese nombre, por ello la Real Academia de la lengua Española, RAE, contempla la verdadera y primordial definición tanto de pingüino, refiriéndose a la alca, como de pájaro bobo.

No hace falta más que un poco de ganas y tiempo libre para que la historia y la naturaleza acuda a ti. Los hechos están ahí y simplemente hay que ir a buscarlos. La verdadera información no es por tanto la que nos cuentan, si no la que es y depende del ímpetu aventurero de cada uno, el descubrirla o no.

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